Otras religiones

Aunque la mayor parte de la población humana profesa alguna rama de las grandes corrientes religiosas, existen multitud de religiones minoritarias en el mundo que desarrollan sus propios sistemas de creencia y sus lugares y espacios de culto.

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El papiro de Derveni y su relación con el orfismo
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El zoroastrismo es una religión que nació en Persia de la mano del profeta Zaratustra y que es considerada una de las primeras experiencias monoteístas de la Historia
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La cienciología es una religión que en las últimas décadas ha atraído a millones de personas en todo el mundo a pesar de las polémicas y acusaciones en las que se ha visto envuelta.
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Minorías religiosas en España: confesiones minoritarias y sus lugares de culto

España ha dejado de ser aquel país religiosamente homogéneo que fue durante siglos. Lo que antes parecía un territorio casi exclusivamente católico se ha transformado en un mosaico de tradiciones espirituales que conviven, a veces con naturalidad y otras con fricciones, en ciudades y pueblos de toda la geografía nacional. Los datos del Observatorio del Pluralismo Religioso hablan de unos 7.000 lugares de culto pertenecientes a confesiones minoritarias repartidos por el territorio. No son pocos.

Este cambio responde a varios factores entrelazados: la inmigración que llegó con fuerza desde los años noventa, la globalización cultural, cierta secularización de amplios sectores de la población católica y, no menos relevante, un marco constitucional que garantiza la libertad de culto desde 1978. Quien quiera entender la España contemporánea difícilmente podrá hacerlo sin atender a esta realidad religiosa diversa.

¿Cuáles son las principales confesiones minoritarias?

El catolicismo sigue siendo mayoritario, eso nadie lo discute. Pero junto a él coexisten comunidades cristianas no católicas, tradiciones orientales y movimientos religiosos más recientes. Las iglesias evangélicas, agrupadas en buena parte bajo la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), constituyen probablemente el grupo más visible y organizado. La Iglesia Ortodoxa mantiene presencia notable, especialmente entre inmigrantes de Rumanía, Bulgaria, Rusia y Ucrania.

El budismo ha crecido de forma llamativa durante las últimas décadas. Atrae tanto a asiáticos residentes en España como a españoles interesados en la meditación y las filosofías orientales. Los testigos de Jehová, los mormones, las comunidades hinduistas y los bahá'ís completan un panorama que hace treinta años habría resultado casi impensable para muchos españoles.

Comunidades evangélicas y protestantes

El protestantismo llegó a España de forma muy tímida y perseguida durante siglos. Hoy la situación es radicalmente distinta. La FEREDE representa a centenares de congregaciones: bautistas, pentecostales, adventistas, metodistas y un largo etcétera de iglesias independientes. Muchas de estas comunidades se han establecido en áreas urbanas y zonas costeras donde el crecimiento demográfico ha sido mayor.

Las iglesias evangélicas varían enormemente entre sí. Algunas se reúnen en locales comerciales adaptados con apenas veinte sillas; otras han construido templos amplios con capacidad para varios cientos de personas. Lo que las une es una teología centrada en la Biblia como autoridad suprema, la conversión personal y una vida comunitaria intensa. A las actividades de culto dominical se suman programas educativos, proyectos asistenciales y trabajo misionero.

La Iglesia Ortodoxa

La llegada de inmigrantes de Europa del Este trajo consigo una confesión cristiana prácticamente desconocida para la mayoría de españoles. Las parroquias ortodoxas dependen de distintas jurisdicciones: el Patriarcado de Moscú, el de Constantinopla, la Iglesia Ortodoxa Rumana... Cada una mantiene su estructura jerárquica propia.

Han ido ocupando naves industriales reconvertidas, antiguos cines en desuso o locales comerciales que transforman con iconos y lámparas votivas hasta hacerlos irreconocibles. La misa ortodoxa —larga, cantada, envuelta en incienso— sorprende a quien entra por primera vez. Hay algo hipnótico en esos coros a capella y en la solemnidad de unos ritos que apenas han cambiado en mil años. Los fieles celebran la Pascua según el calendario juliano y mantienen prácticas devocionales que pueden resultar exóticas para quien solo conoce el catolicismo romano.

Budismo e hinduismo

Los centros budistas se han multiplicado durante las últimas décadas. Existen comunidades de tradición tibetana, zen japonés y theravada del sudeste asiático. Barcelona, Madrid y Granada concentran buena parte de estos espacios. Algunos funcionan como templos propiamente dichos; otros son centros de meditación que ofrecen enseñanzas abiertas al público general.

Los hindúes son menos, pero han ido levantando sus propios templos. Quien pase por delante de uno durante Diwali o Holi entenderá de qué va la cosa: música, color, olor a comida especiada y familias enteras celebrando. La mayoría son indios, nepalíes o de Sri Lanka que echaron raíces aquí. Sus templos recrean la atmósfera de los santuarios indios: imágenes de divinidades, decoración floral abundante, incienso permanente y colores intensos.

Distribución geográfica de los lugares de culto

Los centros de culto de confesiones minoritarias no se reparten uniformemente por el territorio. Las grandes áreas metropolitanas concentran la mayor densidad: Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla. Tiene lógica: ahí vive más población, ahí llegaron más inmigrantes, ahí hay mayor diversidad social en general.

Cataluña encabeza las estadísticas con el mayor número de lugares de culto minoritarios, seguida por la Comunidad de Madrid y Andalucía. Las zonas costeras del Mediterráneo y los archipiélagos también presentan cifras significativas. Estos centros suelen ubicarse en zonas urbanas bien comunicadas por transporte público, lo que facilita la asistencia de los fieles.

Centros evangélicos por comunidades autónomas

Las iglesias evangélicas representan una parte sustancial de esos 7.000 lugares de culto minoritarios. Cataluña cuenta con más de 800; Madrid ronda los 600; Andalucía supera los 500. El País Vasco, la Comunidad Valenciana, Murcia y Canarias suman varios centenares cada una.

La diversidad denominacional es notable. Las iglesias pentecostales y carismáticas representan aproximadamente el 40% del total evangélico. Les siguen congregaciones bautistas, asambleas de hermanos, iglesias presbiterianas y metodistas, adventistas y numerosas comunidades independientes. El crecimiento ha sido sostenido durante las últimas décadas, impulsado en parte por la inmigración latinoamericana y africana.

Templos budistas y espacios de meditación

Los templos y centros budistas se encuentran tanto en grandes ciudades como en entornos rurales donde se han establecido centros de retiro. En los tibetanos hay thangkas colgadas en las paredes, ruedas de oración que los visitantes hacen girar, y de vez en cuando aparece algún lama de visita que llena la sala. Los zen son otra historia: tatamis, silencio, un altar discreto. Nada sobra.

¿Y qué hacen exactamente? Pues depende. Hay quien va a meditar cada mañana como quien va al gimnasio. Otros buscan un curso de fin de semana para desconectar del ruido mental. No hace falta ser budista para entrar; de hecho, buena parte de los que asisten no lo son. Les interesa la calma, el método, quizá algo de filosofía oriental sin demasiado compromiso.

Salones del Reino de los testigos de Jehová

Si has paseado por cualquier barrio español, seguro que has visto alguno. Edificios discretos, sin cruces ni campanas, con un cartel que dice "Salón del Reino". Los testigos de Jehová llevan décadas aquí y tienen locales en prácticamente todas las provincias, desde el centro de Madrid hasta pueblos de Extremadura con tres mil habitantes.

Los construyen ellos mismos, con voluntarios que dedican fines de semana enteros a levantar paredes o arreglar goteras. No pagan a nadie por hacerlo. Allí se reúnen varias veces por semana: los domingos para el culto, entre semana para estudiar la Biblia y preparar la predicación que luego hacen puerta a puerta.

Testigos de Jehová y mormones: estructuras y prácticas

Dos grupos que a menudo se confunden desde fuera, aunque tienen poco que ver entre sí. Lo que comparten es una organización muy vertical, miembros que se lo toman en serio y un empeño notable en ganar adeptos. Los testigos llevan lo de predicar en el ADN: tocan timbres, reparten revistas, paran a la gente por la calle. Para ellos es un mandato bíblico, no una opción.

Los mormones —oficialmente, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días— organizan sus congregaciones en barrios y estacas. Envían jóvenes misioneros a realizar proselitismo durante dos años, una presencia visible en calles españolas. Madrid cuenta con un templo mormón en Moratalaz, instalación donde se realizan ceremonias consideradas sagradas en su teología.

Organización de los testigos de Jehová

Su estructura conecta las congregaciones locales con la sede mundial en Estados Unidos. El territorio español se divide en circuitos y distritos que agrupan múltiples congregaciones. Quienes dirigen cada congregación —los ancianos y siervos ministeriales— lo hacen gratis, compaginándolo con sus trabajos de lunes a viernes.

Las reuniones semanales incluyen estudios de la revista La Atalaya, la escuela del ministerio teocrático y discursos públicos. A esto se suman asambleas y congresos anuales que congregan a miles de fieles. Lo del timbre sigue siendo su seña de identidad, aunque les ha traído más de un dolor de cabeza: su negativa a las transfusiones de sangre, por ejemplo, genera debates recurrentes que saltan a los medios cada cierto tiempo.

Distribución de centros mormones

Madrid, Barcelona, Valencia... donde hay ciudad grande, hay capilla mormona. Son edificios funcionales, sin florituras: una sala para el culto del domingo, aulas donde dan clase a los niños y un salón multiusos para actividades de barrio. Nada de vitrales ni imágenes de santos.

El templo de Moratalaz es otra cosa. Allí solo entran miembros en regla para ceremonias que guardan con bastante secretismo: bautismos por los difuntos, sellamientos matrimoniales que según ellos duran para la eternidad, investiduras. Para los mormones de España, Portugal e incluso del norte de África, ese templo es el referente. Las congregaciones locales, mientras tanto, organizan actividades de todo tipo: desde ayuda a familias con problemas económicos hasta clases de genealogía, que les apasiona.

Marco legal y derechos de las minorías religiosas

La Constitución del 78 zanjó la cuestión: libertad religiosa para todos. El artículo 16 lo deja claro, nadie puede ser discriminado por sus creencias y el Estado no tiene religión oficial. Eso sí, los poderes públicos "tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española" y mantendrán cooperación con las confesiones. Una fórmula de equilibrio típicamente española.

Dos años después llegó la Ley Orgánica de Libertad Religiosa. Gracias a ella, cualquier grupo religioso que se inscriba en el registro del Ministerio de Justicia obtiene personalidad jurídica. ¿Qué significa eso en la práctica? Que pueden abrir templos, contratar personal, organizar actos públicos y enseñar su doctrina sin que nadie les ponga trabas. Al menos sobre el papel.

Apertura de lugares de culto

Abrir un centro de culto no es llegar y besar el santo, valga la expresión. Hay que pasar por el ayuntamiento, cumplir normativas de seguridad, demostrar que el local no va a molestar a los vecinos... Las confesiones minoritarias deben presentar proyectos que cumplan requisitos de seguridad, accesibilidad e insonorización. Ocasionalmente surgen dificultades cuando los ayuntamientos establecen exigencias excesivamente restrictivas.

Cuando un ayuntamiento se pasa de frenada poniendo pegas, los tribunales suelen corregirlo. El Constitucional ha dejado sentado que sí, que hay que respetar el urbanismo y la convivencia vecinal, pero que eso no puede servir de excusa para impedir que la gente practique su religión. Un equilibrio delicado que se litiga caso a caso.

Protección jurídica

Discriminar a alguien por su religión está prohibido y punto. El Código Penal castiga a quien impida un acto de culto o acose a alguien por sus creencias. Las conductas de discriminación laboral o profesional por razones religiosas también están sancionadas.

Si el ataque tiene motivación de odio religioso, la pena sube. Aun así, seamos realistas: los prejuicios no desaparecen por decreto. A los musulmanes les toca aguantar titulares sensacionalistas un día sí y otro también, y hay grupos —los testigos de Jehová, los Hare Krishna, la Cienciología— que cargan con la etiqueta de "secta" desde hace décadas, les guste o no. El Observatorio del Pluralismo Religioso hace lo que puede: publica estudios, organiza mesas redondas, intenta que la gente hable antes de juzgar. Queda mucho por hacer.

Diferencias entre espacios ortodoxos, budistas e hinduistas

No es lo mismo empujar la puerta de una iglesia ortodoxa que la de un centro zen o un templo dedicado a Ganesh. Son mundos aparte. Y no solo por la decoración: cada tradición concibe lo sagrado de manera diferente y eso se nota en cómo organizan el espacio, qué ponen en las paredes, cómo huele el ambiente, qué sonidos se escuchan.

Iglesias ortodoxas

Los templos ortodoxos reproducen elementos de la arquitectura bizantina y eslava. El iconostasio —un muro de iconos que separa la nave del altar— constituye su elemento más característico. Los iconos cubren las paredes, las velas y el incienso crean una atmósfera contemplativa, y el canto litúrgico acompaña las ceremonias sin instrumentos musicales.

Como conseguir un edificio con cúpulas doradas en España no es fácil, la mayoría de parroquias ortodoxas se las apañan con lo que encuentran: un local comercial, una nave, a veces una iglesia católica en desuso que les ceden. Algunas han podido construir iglesias específicamente diseñadas, con cúpulas doradas o azules y fachadas que reproducen estilos rumanos, rusos o griegos. Estos templos funcionan como referentes identitarios para las comunidades inmigrantes de esos países.

Templos budistas

Los centros budistas varían según la tradición representada. Los tibetanos incorporan thangkas (pinturas religiosas), ruedas de oración, banderas de colores y estatuas de budas y bodhisattvas. El zen va por otro lado: paredes vacías, madera clara, ningún adorno que distraiga. Los theravada, que vienen del sudeste asiático, a veces levantan pequeñas estupas o colocan estatuas del Buda con el estilo característico de Tailandia o Sri Lanka.

La atmósfera general tiende a la serenidad. El incienso, las campanas y los cuencos tibetanos acompañan las prácticas. Cuando el espacio lo permite, se incluyen jardines contemplativos. Los colores dorado, rojo y azul predominan en la decoración con significados simbólicos específicos.

Templos hinduistas

Los templos hindúes se organizan en torno a un sanctasanctórum donde reside la imagen de la divinidad venerada. La decoración es abundante: múltiples figuras divinas, flores frescas, lámparas de aceite, incienso permanente y colores vibrantes. Nada más cruzar la puerta hay que descalzarse, y muchos devotos tocan una campana colgada en la entrada antes de acercarse al altar para dar vueltas en sentido horario.

Casi ninguno de estos templos en España se construyó desde cero para ese fin. Son locales reconvertidos donde han metido altares traídos de la India, telas bordadas, guirnaldas de flores que renuevan cada pocos días. Allí se celebran bodas, se pone nombre a los recién nacidos, se conmemoran festividades del calendario hindú. Para las familias que emigraron hace años, son el lugar donde sus hijos —ya nacidos aquí— aprenden algo de sánscrito, de mitología, de dónde vienen.

Cifras y evolución de los centros de culto minoritarios

Contar cuántos centros de culto minoritarios hay exactamente es un quebradero de cabeza. Las estadísticas varían según la fuente, hay congregaciones que abren y cierran sin dejar rastro administrativo, y algunas comunidades pequeñas ni siquiera se molestan en registrarse. El Observatorio del Pluralismo Religioso estima unos 7.000 lugares de culto pertenecientes a confesiones minoritarias.

Las iglesias evangélicas superan los 4.000 centros. Las mezquitas y oratorios islámicos rondan los 1.300. Las parroquias ortodoxas suman entre 150 y 200. Los testigos de Jehová gestionan varios centenares de Salones del Reino. Los centros budistas superan el centenar. Sinagogas, templos hindúes, sijs, bahá'ís y otros suman varios centenares más.

Evolución histórica

Durante el franquismo, las confesiones no católicas tenían existencia muy limitada. La Constitución de 1978 y la Ley de Libertad Religiosa de 1980 cambiaron radicalmente la situación. Durante los años ochenta comenzaron a multiplicarse las iglesias evangélicas y se establecieron los primeros centros budistas.

Los años noventa y dos mil aceleraron el proceso con la llegada de inmigrantes de América Latina, África, Europa del Este y Asia. Entre 1990 y 2010, el número de lugares de culto minoritarios se multiplicó aproximadamente por cinco. El crecimiento fue especialmente notable en centros islámicos —que pasaron de un centenar a más de mil— y en iglesias evangélicas.

Durante la última década el ritmo se ha moderado. El mapa religioso español parece estar consolidándose. El futuro dependerá de las dinámicas migratorias, la transmisión de identidades religiosas entre generaciones, la vitalidad misionera de las distintas confesiones y el mantenimiento del marco legal que ha permitido esta diversificación.