El concepto de Yihad y su interpretación: la guerra santa en las diversas ramas del Islam

El concepto de yihad es uno de los más controvertidos dentro del Islam, ya que de sus diversas interpretaciones han salido desde grupos terroristas a interpretaciones espirituales más moderadas
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El concepto de yihad y sus interpretaciones de la guerra santa
Maider Chacón Iriarte | Mar, 20 Ene 2026 - 09:30
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Pocas palabras árabes han sufrido una distorsión tan brutal en su tránsito hacia Occidente como yihad. Tras el 11-S, el término quedó reducido a una sola acepción —terrorismo— cuando en realidad designa algo mucho más complejo y, para la mayoría de los musulmanes, profundamente espiritual. ¿Cómo llegamos a este malentendido? ¿Qué dice realmente el Corán sobre la yihad y los yihadistas? Y sobre todo, ¿qué diferencias existen entre suníes, chiíes y sufíes al interpretar este concepto?

¿Qué significa realmente yihad en la tradición musulmana?

Origen etimológico y significado del término árabe

La raíz árabe j-h-d  que está en el fondo del término yihad transmite la idea de esfuerzo, empeño, lucha sostenida hacia una meta. Nada de violencia intrínseca. Los especialistas en estudios islámicos llevan décadas insistiendo en esto: la yihad, en su sentido más profundo, es un esfuerzo constante por mejorar, tanto a nivel personal como comunitario. Ibn Taymiyyah, teólogo medieval de enorme influencia, la definía como "el esfuerzo en el camino de Alá", una fórmula que abarca dimensiones muy diversas de la existencia del creyente.

Después de 2001, con la palabra convertida en sinónimo de atentado suicida, numerosos académicos —tanto occidentales como árabes— se afanaron en rescatar su significado original. El problema es que una vez instalada una asociación en el imaginario colectivo, resulta tremendamente difícil desmontarla.

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El concepto de yihad y sus interpretaciones de la guerra santa

La diferencia entre el gran yihad y el pequeño yihad

Aquí reside una distinción que Occidente tiende a ignorar. ¿En qué consiste el gran yihad (al-jihad al-akbar)? Básicamente, en pelearse con uno mismo. Con los propios deseos, con las ganas de hacer lo fácil, con esa voz interna que nos empuja hacia lo que sabemos que no nos conviene. El imam Al-Ghazali, cuya autoridad en el pensamiento islámico pocos discuten, no dudaba: esta pelea interior es la yihad de verdad. Lo demás queda en segundo plano.

El pequeño yihad (al-jihad al-asghar), en cambio, alude al esfuerzo físico o militar para defender la fe frente a amenazas externas. ¿Cuál pesa más? Los hadices —dichos atribuidos al Profeta— establecen con claridad que la lucha interna ocupa un lugar superior. El aspecto militar queda relegado a situación excepcional, sometida a regulaciones estrictas. Tras los atentados de 2001, eruditos musulmanes de todo el mundo se volcaron en difundir esta distinción, pero la narrativa mediática occidental ya había cristalizado en una dirección muy diferente.

¿Cómo se interpreta la yihad en el Corán?

El libro sagrado del Islam menciona la yihad y sus derivados unas 35 veces, según los análisis textuales más rigurosos. Ahora bien, solo una parte de esas referencias apunta a confrontación militar. Muchas aluden a perseverancia, preparación espiritual, esfuerzo en la fe. Y aquí viene lo que muchos olvidan: cada aleya hay que leerla en su momento histórico, con sus circunstancias.

Hay un versículo, el 2:190, que aparece citado una y otra vez en estos debates: "Combatid en el camino de Alá a quienes os combatan, pero no os excedáis. Alá no ama a los que se exceden". Las autoridades religiosas han interpretado esto como una limitación clara: el conflicto armado debe ser proporcional, defensivo, y jamás debe alcanzar a civiles inocentes. Las tradiciones sufíes, por su parte, han privilegiado siempre los versículos donde la yihad se asocia con la constancia y la preparación del alma. Esta pluralidad interpretativa existía mucho antes de que el término se convirtiera en arma arrojadiza en los debates contemporáneos.

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El concepto de yihad y sus interpretaciones de la guerra santa

¿Cómo ha evolucionado la interpretación de la yihad desde la Edad Media?

El concepto durante la expansión islámica medieval

Cuando el islam se expandía por medio mundo, hubo que pensar en serio qué significaba la guerra santa y dónde estaban sus límites. Juristas de la talla de Ibn Rushd —el Averroes que tanto influyó después en la escolástica europea— dedicaron tratados enteros a estas cuestiones. La confrontación con poderes no musulmanes —Bizancio, los reinos cristianos de la península ibérica, las cruzadas— influyó inevitablemente en cómo se entendía la yihad. Pero incluso entonces, los eruditos más respetados insistían en restricciones éticas: prohibido atacar a civiles, mujeres, niños, ancianos. La guerra tenía reglas.

En al-Ándalus, donde convivían musulmanes, cristianos y judíos, el concepto adquirió matices más tolerantes. En las fronteras orientales del mundo islámico, sometidas a constantes amenazas militares, predominaba la dimensión defensiva. No existía una interpretación única. Las investigaciones históricas han demostrado que incluso durante las cruzadas, la retórica de la guerra santa islámica se enmarcaba en códigos de honor que diferenciaban entre combatientes y población civil. Reducir aquella época a pura barbarie religiosa es una simplificación interesada.

Transformaciones a principios del siglo XX

El colonialismo europeo lo cambió todo. De repente, la yihad dejó de mirar hacia la conquista y empezó a mirar hacia la resistencia. Pensadores como Muhammad Abduh en Egipto o Sayyid Ahmad Khan en India le dieron la vuelta al concepto: ahora se trataba de plantar cara al imperialismo occidental, sí, pero sobre todo de sacudir el polvo a un islam que necesitaba renovarse intelectualmente. Liberación nacional y modernización: esas eran las nuevas banderas.

Con la Gran Guerra llegó el momento de la verdad. El Imperio Otomano intentó movilizar a los musulmanes bajo la bandera de la yihad contra las potencias aliadas. Los resultados fueron desiguales, lo que demostró la dificultad de aplicar un concepto religioso medieval a conflictos internacionales modernos. Tras el colapso del califato en 1924, surgieron corrientes divergentes: los reformistas enfatizaban la yihad educativa y social; grupos como los Hermanos Musulmanes, fundados en 1928, comenzaron a vincularla con la resistencia política. Estas tensiones interpretativas estallarían décadas después con toda su virulencia.

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Reagan reunido con los líderes afganos que dieron lugar al movimiento de los talibanes

El resurgimiento del concepto tras 2001

Las Torres Gemelas cayeron y, con ellas, cualquier matiz que pudiera tener la palabra yihad en Occidente. Los telediarios repetían el término hasta la saciedad, siempre pegado a imágenes de destrucción. Bin Laden y los suyos reivindicaban los atentados como yihad, y eso bastó para que millones de personas asumieran que eso era exactamente lo que la palabra significaba. Dentro del mundo musulmán, la respuesta fue otra muy distinta: entre 2001 y 2009 aparecieron más de 300 fatwas de autoridades religiosas que condenaban los ataques y negaban rotundamente que tuvieran amparo religioso.

La Universidad Al-Azhar de El Cairo, probablemente la institución más prestigiosa del islam suní, emitió declaraciones oficiales explicando que los ataques suicidas contra civiles contradecían de raíz los principios islámicos sobre la conducta bélica. Hubo intentos, tanto en universidades como en medios alternativos, de explicar las cosas con más calma. Pero ¿quién puede competir con una palabra de cuatro letras que vende periódicos y sube audiencias?

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Ruinas del World Trade Center tras el atentado yihadista del 11 de septiembre

¿Cómo interpretan la yihad las diferentes ramas del islam?

La yihad según la interpretación suní

Ocho de cada diez musulmanes en el mundo son suníes. Su tradición jurídica descansa sobre cuatro escuelas —Hanafí, Malikí, Shafi'i y Hanbalí— que, pese a sus diferencias en otros asuntos, coinciden en algo: la yihad tiene muchas caras, no solo la militar. Juristas clásicos como Ibn Qudama, fallecido en 1223, codificaron con detalle las condiciones para la yihad militar: autorización de líderes legítimos, proporcionalidad, protección de no combatientes.

Las grandes instituciones suníes contemporáneas han rechazado explícitamente las interpretaciones de Al-Qaeda o ISIS. Teólogos influyentes como Yusuf al-Qaradawi llevan años repitiendo que la yihad que hace falta hoy es otra: levantar escuelas, impulsar la investigación científica, sacar a las sociedades musulmanas del subdesarrollo. Existe también el concepto de "yihad del conocimiento": la lucha contra la ignorancia y el subdesarrollo como formas legítimas de esfuerzo religioso. El sunismo, lejos de ser monolítico, alberga una diversidad interpretativa considerable.

El concepto de yihad en la tradición chií

El chiismo, que representa alrededor del 15% de los musulmanes, ha elaborado una interpretación distintiva. Para los chiíes duodecimanos, mayoritarios en Irán e Irak, la autoridad para declarar la yihad militar está tradicionalmente reservada al Imam oculto —el duodécimo imam que, según la creencia, retornará al final de los tiempos—. ¿Qué implica esto en la práctica? Que durante siglos el chiismo ha sido bastante reticente a declarar guerras santas ofensivas. Si el único autorizado está ausente, mejor andarse con cautela.

Todo esto dio un giro en 1979, cuando Jomeini tomó el poder en Irán. El Ayatolá Jomeini desarrolló el concepto de "wilayat al-faqih" (tutela del jurista), que permite a los líderes religiosos supremos asumir ciertas prerrogativas del Imam oculto, incluida la autorización de yihad defensiva. Este marco teórico se aplicó durante la guerra Irán-Irak (1980-1988), cuando se movilizó a la población bajo el estandarte de la defensa religiosa. Hoy, figuras como el Ayatolá Sistani en Irak promueven interpretaciones que priorizan la coexistencia pacífica, mientras que Hezbolá en Líbano emplea el término para enmarcar su resistencia contra Israel. La diversidad interna es tan notable como en el sunismo.

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Interpretaciones sufíes: la yihad como batalla interior

La tradición sufí ofrece la aproximación más profundamente espiritual a este término tan maltratado. Los maestros sufíes lo tuvieron claro desde el principio: el campo de batalla que importa está dentro de cada uno. El nafs, ese ego caprichoso que quiere comodidades, reconocimiento, placeres inmediatos... ahí está el enemigo. Y vencerlo no es tarea de un día.

Rumi, Al-Ghazali, los grandes nombres del sufismo: todos volvían una y otra vez sobre esta idea. ¿Para qué conquistar territorios si no has conquistado tu propia alma? El trabajo consiste en purificar el corazón —lo que llaman tazkiyat al-qalb—, atravesar estaciones místicas donde cada parada exige renunciar a algo distinto: la vanidad, la envidia, el apego a lo material.

Los sufíes hablan del mujahid, el guerrero, pero le han dado un sentido completamente distinto. Sus armas son el dhikr (repetir los nombres divinos hasta que calen hondo), la meditación, el servicio a los demás sin esperar nada a cambio. Y el adversario no lleva uniforme ni porta fusil: son los propios defectos, las resistencias internas que nos impiden ser quienes podríamos ser.

Hay algo llamativo en cómo el sufismo conecta yihad con amor. Mahabbah, lo llaman. Para ellos no se gana esta batalla a golpes, sino abriendo el corazón. Compasión, amor sin condiciones: esas son las verdaderas victorias. Muchas cofradías sufíes han sido históricamente puentes entre religiones, promotoras de diálogo cuando otros preferían el enfrentamiento. Hoy, frente a lecturas rígidas que acaparan titulares, el sufismo sigue ahí, recordando que hay otras formas de entender la fe.

La riqueza de esta comprensión mística demuestra que el islam no es, ni ha sido nunca, una tradición teológicamente uniforme. La yihad ha significado cosas muy distintas según épocas, regiones y escuelas de pensamiento. Reducirla a un solo significado —y precisamente al más violento— constituye un acto de ignorancia histórica con consecuencias políticas muy reales.

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