Arriano, el arrianismo y el Concilio de Nicea: la controversia que dividió el cristianismo

El arrianismo fue una de las principales corrientes del cristianismo en la Antigüedad tardía hasta que en el Concilio de Nicea sus seguidores fueron declarados herejes y perseguidos.
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El arrianismo y el concilio de Nicea
Maider Chacón Iriarte | Vie, 23 Ene 2026 - 21:39
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Alejandría, siglo IV. Un sacerdote llamado Arrio empieza a predicar algo que incomoda a sus superiores: Cristo, dice, no es Dios en el mismo sentido que el Padre. Es una criatura, la más perfecta de todas, pero criatura al fin. ¿Era el Hijo igual al Padre, o había sido creado por él? La pregunta parecía técnica, casi de especialistas, pero acabó dividiendo a obispos, emperadores y comunidades enteras. El gobernante del Imperio romano de aquel entonces, Constantino I tuvo que intervenir convocando el Primer Concilio de Nicea en el 325. Aquel encuentro marcaría un antes y un después en la definición de lo que significaba ser cristiano ortodoxo. 

¿Qué fue el arrianismo y quién fue Arrio?

El arrianismo debe su nombre a Arrio, un presbítero nacido en Libia hacia el año 256 d.C. que ejerció su ministerio en Alejandría. Se había formado bajo la tutela de Luciano de Antioquía, de quien heredó una tradición teológica que se remontaba a Pablo de Samosata. En Alejandría, Arrio se ganó una reputación considerable. Era orador, asceta y ganaba adeptos. Hacia el año 318, sus ideas empezaron a chocar abiertamente con las de su superior, el obispo Alejandro, sobre cómo entender la relación entre Cristo y Dios Padre.

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Pintura moderna con imagen imaginada de Arrio, creador del arrianismo

¿Cuáles fueron las principales enseñanzas de Arrio?

Arrio defendía que Cristo no era eterno ni compartía la misma esencia que Dios Padre. Para él, el Hijo era un ser creado, eso sí, el primero y más perfecto de todos, pero creado al fin y al cabo. "Hubo un tiempo en que no era", repetía Arrio para referirse a Cristo. Esta frase condensaba su visión: el Hijo tuvo un comienzo, mientras que solo el Padre existe desde siempre.

Según la teología arriana, Cristo se situaba a medio camino entre lo divino y lo humano: ni Dios pleno ni simple mortal. Era una criatura perfecta, un mediador, pero no igual a Dios en naturaleza ni en poder. Arrio buscaba con esto preservar un monoteísmo estricto y la trascendencia divina. El precio era alto: redefinir radicalmente la comprensión de la Trinidad que las comunidades cristianas venían desarrollando.

¿Por qué el arrianismo ganó popularidad en el siglo IV?

Arrio daba respuestas que sonaban razonables a preguntas que inquietaban a muchos creyentes. Nadie había definido con precisión qué era exactamente la Trinidad, y él ofrecía una salida al problema que muchos llevaban años rumiando: si Dios es uno, ¿qué lugar ocupa Cristo? ¿Adorarlo no suponía traicionar el monoteísmo heredado del judaísmo?

El contexto político favoreció su expansión. Eusebio de Nicomedia, uno de los principales aliados de Arrio, tenía acceso directo al círculo imperial. Cuando emperadores como Constancio II se inclinaron hacia posiciones arrianas o semi-arrianas, la doctrina se convirtió en la forma dominante del cristianismo en amplias regiones del imperio. La simplicidad del arrianismo frente a las elaboraciones teológicas de sus opositores facilitó su difusión entre las masas. Los pueblos germánicos que se asentaban en las fronteras del imperio adoptaron mayoritariamente esta versión del cristianismo.

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El arrianismo y el concilio de Nicea

¿Cómo surgió Arrio como teólogo en Alejandría?

Alejandría era un hervidero intelectual. Centro cultural del mundo helenístico, la ciudad tenía una larga tradición de interpretación alegórica de las Escrituras y de elaboración filosófica del pensamiento cristiano. Arrio llegó allí y fue ordenado diácono por el obispo Pedro de Alejandría, aunque su carrera sufrió un primer tropiezo: lo excomulgaron temporalmente por apoyar el cisma meliciano. Más tarde fue readmitido y ordenado presbítero.

Como responsable de la iglesia de Baucalis, uno de los distritos más importantes de la ciudad, Arrio empezó a difundir sus ideas. Tenía un don para comunicar conceptos complejos con claridad, y su reputación como asceta y predicador le abrió puertas. Fue en el año 318, en un sínodo local, cuando se atrevió a contradecir al obispo Alejandro sobre si el Hijo había existido siempre o no. El conflicto estalló. En 321, un concilio provincial condenó a Arrio y lo excomulgó junto a sus seguidores, obligándolo a buscar apoyo fuera de Egipto. Lo encontró en Asia Menor, especialmente en Eusebio de Nicomedia.

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El arrianismo y el concilio de Nicea

¿Cómo el Primer Concilio de Nicea respondió al desafío arriano?

Constantino I convocó el Primer Concilio de Nicea en el año 325. Reunió a unos 300 obispos, la mayoría de la parte oriental del imperio, en la ciudad de Nicea (hoy Iznik, Turquía). Lo que buscaba el emperador era poner fin a una disputa que empezaba a resquebrajar la paz religiosa de sus dominios.

Las deliberaciones fueron intensas. Los padres conciliares rechazaron categóricamente las enseñanzas de Arrio y afirmaron que Cristo es "engendrado, no creado, de la misma sustancia (homoousios) que el Padre". Esta definición establecía la consustancialidad como piedra angular de la ortodoxia y declaraba herético el arrianismo. El Concilio formuló el Credo Niceno, primer símbolo de fe universal, que articulaba la divinidad plena de Cristo y su igualdad con el Padre. Arrio fue condenado y exiliado; sus escritos, ordenados a ser quemados. Pero la condena de Nicea no enterró el arrianismo. Todo lo contrario: los arrianos recuperaron terreno en cuanto murió Constantino, y durante los cuarenta años siguientes dominaron la corte imperial y persiguieron a obispos nicenos como Atanasio.

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Imagen de Constantino quemando los textos del arrianismo

¿Qué papel desempeñó el emperador Constantino en el Concilio de Nicea?

El papel de Constantino fue decisivo y sentó un precedente histórico en las relaciones entre el poder imperial y la autoridad eclesiástica. Tras su victoria en el Puente Milvio y la promulgación del Edicto de Milán en 313, Constantino había establecido la tolerancia religiosa y favorecía cada vez más al cristianismo. Cuando la controversia arriana amenazó la cohesión del imperio, tomó la iniciativa.

Financió el viaje y el alojamiento de los obispos. Asistió a las sesiones, presidió formalmente la apertura y participó en los debates, aunque no era teólogo ni estaba bautizado. Su presencia física daba respaldo imperial a las deliberaciones. Constantino favoreció la posición anti-arriana, posiblemente influido por consejeros como Osio de Córdoba, y convirtió los decretos teológicos en ley imperial. Ejecutó las sanciones contra Arrio y sus seguidores. Ahora bien, en años posteriores mostró cierta inconsistencia: permitió el regreso de Arrio y de algunos obispos arrianos del exilio, lo que refleja tanto su pragmatismo político como la influencia de consejeros pro-arrianos en su corte, especialmente Eusebio de Nicomedia.

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El arrianismo y el concilio de Nicea

¿Qué estableció el Credo Niceno sobre la naturaleza de Cristo?

El Credo Niceno proclamó que Jesucristo es "Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma esencia (homoousios) que el Padre". Esta formulación rechazaba directamente la enseñanza arriana de que Cristo era un ser creado.

El Credo enfatizaba que Cristo no fue hecho en un momento determinado, sino que es eternamente engendrado por el Padre y comparte plenamente la naturaleza divina. Al declararlo "consustancial" con el Padre, establecía que ambos comparten la misma esencia divina, no solo una semejanza. El texto incluía afirmaciones sobre el papel de Cristo en la creación ("por quien todo fue hecho") y su encarnación ("por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo"). Culminaba con anatemas explícitos contra las doctrinas arrianas, condenando a quienes afirmaban que "hubo un tiempo en que el Hijo no existía" o que "fue hecho de la nada". Lo acordado en Nicea se amplió décadas después, en el Concilio de Constantinopla del 381, y ese credo revisado sigue siendo la referencia doctrinal para la mayor parte del cristianismo.

Pese a todo, el arrianismo siguió teniendo gran éxito entre algunos pueblos considerados bárbaros, como los visigodos y los vándalos, que aún tardaron siglos en abandonar esta fe.  

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El arrianismo y el concilio de Nicea

¿Cómo se definió la doctrina de la consustancialidad?

Todo giraba en torno a una palabra griega: homoousios, "de la misma esencia". Los obispos reunidos en Nicea la eligieron para zanjar el debate. Cristo, decían, comparte la misma sustancia divina que el Padre. No es parecido a Dios ni está cerca de Dios: es Dios, tan plenamente como el Padre.

La elección del término levantó ampollas. Homoousios no salía de ningún versículo bíblico, y su trayectoria en la filosofía griega era accidentada. Algunos obispos recordaban que se había usado décadas antes en disputas contra Pablo de Samosata y los modalistas, con resultados confusos. Había sido usado en debates contra el modalismo y contra Pablo de Samosata, lo que generó resistencias iniciales entre algunos padres conciliares. Aun así, bajo el liderazgo teológico de figuras como Osio de Córdoba y con el respaldo de Constantino, la consustancialidad se estableció como criterio definitorio de la ortodoxia. Solo esta formulación podía preservar la plena divinidad de Cristo y, a la vez, la distinción personal entre las personas de la Trinidad. El Hijo no era una criatura ni un ser intermedio, sino verdadero Dios, coeterno e igual en poder y gloria con el Padre. Esta definición serviría de base para articular posteriormente la relación del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo. Pese a su adopción oficial en Nicea, la controversia sobre el "homoousios" continuaría durante décadas, especialmente con los semi-arrianos, que preferían términos como "homoiousios" (de similar esencia).

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El arrianismo y el concilio de Nicea

¿Por qué el arrianismo fue considerado herético desde el punto de vista teológico?

La condena del arrianismo no fue un capricho de obispos quisquillosos. Tocaba una cuestión de vida o muerte espiritual: ¿quién puede salvar al ser humano? Los teólogos nicenos tenían claro que solo Dios tiene ese poder. Si Cristo era una criatura, por muy excelsa que fuera, carecía de la capacidad de reconciliar a la humanidad con su Creador. Atanasio lo expresó sin rodeos: un ser creado no puede divinizar a otros seres creados.

La cristología arriana minaba la comprensión de la Trinidad como tres personas divinas en una sola esencia. Al colocar al Hijo en un escalón inferior al Padre, se creaba una gradación del ser que chocaba de frente con lo que los obispos leían en las Escrituras y habían recibido de la tradición apostólica. ¿Cómo justificar que los cristianos adorasen a Cristo, que le atribuyesen la creación del universo y el poder de perdonar pecados, si no era realmente Dios? Atanasio, el gran adversario de Arrio, lo resumió con crudeza: si el Hijo no es Dios, tampoco puede salvarnos.

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Mosaico arriano de Rávena